Coque Malla

Coque Malla actuará en Iberia Festival, celebraremos con el artista sus tres décadas de trayectoria en la música.

 

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Irrepetible, de Coque Malla

Texto: Arancha Moreno

 

Todo empezó, seguramente, en un teatro. Entre los escenarios, las bambalinas y los patios de butacas por los que correteaba de niño Coque Malla, inyectándose el veneno del espectáculo y descubriendo lo hermoso que es comunicar con el público a través del arte. Los teatros fueron su casa, y a ellos ha querido regresar para alumbrar el concierto más importante de su vida: el que conforma su nuevo disco en directo, Irrepetible. El colofón de un fascinante viaje musical que arrancó justo tres décadas atrás, en 1987.

Que hayan pasado treinta años desde su debut con Los Ronaldos, sin embargo, no deja de ser una efeméride casual. Este álbum en vivo no es un brindis por una fecha concreta, sino una instantánea que refleja el gran momento musical y compositivo que atraviesa. La imagen que revela cómo ha crecido desde aquella urgencia guitarrera de finales de los ochenta hasta el rock and roll con arreglos orquestales que presentó en su anterior disco de estudio, El último hombre en la Tierra. El álbum del riesgo, el que acrecentó las dudas y los nervios al pisar tierras inexploradas, una gran incertidumbre que a la postre se ha convertido en su mayor acierto. No solo por la propuesta de fundir su banda de rock con arreglos orquestales, también porque recoge un buen puñado de canciones que ya se codean con lo mejor de su repertorio. Había forma, pero también mucho fondo.

Aún recuerdo cómo saltó ese disco al escenario del Palacio de Deportes de Madrid en diciembre de 2016, incorporando los metales sin perder un ápice del esplendor de la producción original. Fue la antesala de lo que ocurrió seis meses después en el Nuevo Teatro Alcalá de su ciudad, el concierto donde se lo jugó todo. Allí estaba su banda (Toni Brunet, Gabriel Marijuán, Héctor Rojo y David Lads), junto a un delicioso cuarteto de cuerda y la sección de metales capitaneada por su hermano Miguel Malla. Al frente de la grabación audiovisual, la profesionalidad y el buen gusto de las hermanas Cristina y Maria José Martín, Lasdelcine. A las voces le acompañaron cinco invitados y un sexto a la guitarra, repasando junto a él algunos de los mejores momentos de su carrera, con un protagonismo especial de su último disco. Todo ello ante un patio de butacas rebosante, respetuoso y acompasado. La noche soñada. La noche irrepetible.

Lo que sucedió aquel 6 de junio es un directo de absoluta calidez. Sorprende que semejante cantidad de instrumentistas sean capaces de transmitir con tanta delicadeza, sin ahogar la escucha ni por un instante. En Irrepetible

suenan nítidos los aplausos, se percibe una risa fugaz, se aprecia hasta la respiración. Las canciones se engrandecen armónicamente desde la sutilidad, con cuerdas y metales que actúan con prudencia y elegancia, entrando solo cuando van a aportar algo especial, sin pisar a nadie. Todo es minuciosidad y detalle. Que sea así, cuando llegan a juntarse hasta quince personas sobre el escenario, demuestra lo bien que maneja Coque cada ingrediente del espectáculo, la maestría con la que conduce el pulso del directo esquivando el efectismo. Lo que importa es la canción, no hacer fuegos artificiales.

Malla concibe este directo como un viaje, y lo es. Artístico, estilístico y sentimental. El guiño más antiguo es para ‘Guárdalo’, uno de los himnos del debut de Los Ronaldos, que encara mano a mano con un gran experto en la banda, Dani Martín. La versión es pura energía: la esencia del mejor rock and roll en uno de los momentos más vibrantes del disco. Es su habitat natural, ese al que podría haberse anclado si no fuese porque es un músico y autor inquieto por naturaleza. De la segunda etapa con su exbanda, la vivida en 2007, recupera el célebre ‘No puedo vivir sin ti’, despojándolo de toda ornamentación para dejar que sea la historia, la letra, la que nos transporte.

‘La mujer sin llave’ supone la primera parada en solitario que hizo con Soy un astronauta más en 1999. Una mirada soul previa a otro de los trabajos mejor representados en este directo, La hora de los gigantes. Entre las escogidas, ‘Hasta el final’, la ranchera ‘Hace tiempo’, donde se escucha a Coque alejado del micro, cantando al aire, con unos coros mariachis en sus últimos compases. El inicio de ‘Berlín’ es celebrado por el respetable entre susurros: se ha convertido en un clásico de su carrera, y aquí aparece subrayada por un cuarteto de cuerdas muy sutil. ‘Quiero volverte a ver’ nace etérea y va ganando frondosidad con las cuerdas. En ella juega con el ritmo y la entonación, recitando algunos versos como si una voz en off nos describiese un paisaje o nos señalase algún lugar. Herencia innata del teatro, tal vez.

De su siguiente disco rescata la que le da título, ‘Termonuclear’, con un interesante contraste en la voz subterránea de Santi Balmes, más cerca de los bajos y los graves.

Del álbum más reciente, El último hombre en la Tierra, aparte de la stoniana e inicial ‘Escúchame’, propone una furiosa versión de ‘Todo el mundo arde’, lanzando dardos y conjuras en compañía de la electricidad que desprende la guitarra de Amable Rodríguez. Contrasta con la balsámica ‘Pétalos, sonrisas y desastres’, la canción que cualquiera querría cantarle a su hijo, mecida por las cuerdas y unos coros angelicales que recrean una escena casi de cuento.

Otros tres invitados le acompañan en este viaje. Uno es Jorge Drexler, que escoge ‘Santo Santo’ y la hace suya con esa particular manera de acelerar o ralentizar las palabras, esa enumeración poética que tan bien empasta con la voz del madrileño.

‘My Beautiful Monster’ es una canción que aguardaba el momento para ver la luz, y ninguno mejor que este, acompañado por Neil Hannon, alma máter de uno de los grupos favoritos de Coque, The Divine Comedy. El juego de sus voces y los arreglos la aproximan a una banda sonora, preciosa y cómplice. Pero donde estalla una química indescriptible es en ‘Me dejó marchar’, el dúo que comparte con Iván Ferreiro. Una canción para escuchar con los ojos cerrados, imaginando cada paso: la suavidad de la intro, la aparición de Ferreiro en el escenario y ese delicado in crescendo en el que uno y otro van repartiéndose las estrofas, lentamente, a sabiendas de que la contención está multiplicando su belleza hasta que estalla con la sección de cuerda. Seguramente, el momento más emocionante del disco.

Dos canciones más redondean Irrepetible. Una es la circense ‘El último hombre en la Tierra’, un carrusel impulsado por metales y cuerdas, con ese aire melódico que retrotrae a las grandes canciones de los setenta en nuestro país. La otra es ‘La señal’, la encargada de abrir El último hombre en la Tierra, su disco del riesgo. Ese álbum en el que se atrevió a seguir su corazonada y ser libre. Esa es una de las claves por las que el madrileño ha sorteado tres décadas en esta montaña rusa que es la industria musical, enfilando una rampa ascendente que sube demostrando calidad y talento. Está en un momento único, avanzando con pasos firmes, cumpliendo sus sueños y también los de los demás. Entre ellos, el de Dani Martín: “Ojalá algún día Coque pueda tocar con Keith Richards. ¡Yo he cantado con Coque Malla!”.

 

Tráiler “Irrepetible”